Hazaña II:
Ceunon
u mano asomó
sobre el borde de una atalaya y saltó para posarse en la fuerte muralla.
Todavía antes de incorporarse miró hacia los lados con agilidad. Eliminó a un par de guardas sin ser visto, ocultó sus cuerpos y observó lo que había tras la muralla. Decenas de soldados caminaban por las calles, en cambio no había tantos apostados en las torres. Al parecer no esperaban ningún ataque, los campesinos no presentaban una gran amenaza para ellos. Respiró hondo y continuó con sigilo.
Llegó hasta una de las dos torretas que flanqueaban el portón y acabó con los guardas en silencio. Miró hacia la otra torreta gemela y vio a dos guardas más vigilando los alrededores. Entonces fue cuando notó que el mago del que le había hablado Garrund estaba cerca. Las mentes de sus hombres tenían unas férreas barreras, las percibía, pero no era capaz de penetrar en ellas. Él también había establecido unas fuertes defensas en los rebeldes.
Debía neutralizar a esos centinelas para que los campesinos pudiesen entrar sin ser vistos. Les miró fijamente y se concentró. Las protecciones eran fuertes a pesar de haber demasiados para un sólo mago, pero consiguió derribarlas y analizar sus mentes.
-Moi du stenr!-Susurró apuntando con sus dedos a los soldados.
Conviértete en piedra.
Uno de ellos lo acababa de ver, pero no le dio tiempo a reaccionar. Ambos soldados eran ahora dos estatuas pétreas, inmóviles en su último gesto, y sus mentes entraron en un estado comatoso, en un sueño eterno. Eso es lo que podía comprobar con su vista y su mente, pero para sus compañeros humanos, seguían en su puesto en aquella torre, vigilando, y atentos al horizonte. "Excelente", pensó.
Los primeros rayos de sol hicieron acto de presencia, y supo que era el momento. Aprovechando esos rayos matutinos y girando despacio la brillante hoja de su espada lanzó unos destellos hacia los árboles. Y otra vez más ayudado por su vista de lince, vio como comenzaban a desplazarse con sigilo hacia la muralla.
Escudriñó al patio interior que había tras la puerta y aguardó unos minutos. Cuando encontró el momento oportuno, saltó la gran altura que lo separada del suelo adoquinado y, tras una elegante voltereta, aterrizó con suavidad, resortándose con sus músculos. Los pocos guardas que había por allí no tuvieron tiempo de comprobar que había sido eso. Y justo después de despejar el terreno, sonrió al percibir con gran claridad las mentes de sus aliados tras el portón.
-Du grind huildr!-pronunció abriendo las manos.
Que se abran las puertas!
Los soldados seguramente oyeron el ruido de las pesadas puertas de roble al abrirse y pronto llegarían. Así que Sez se giró, dejando su ejército rebelde a sus espaldas, y lo encabezó a su objetivo. Recuperar Ceunon.
-Nos atacan, señor.
Un hombre imponente, alto, con una barba recortada y afilada miraba al frente por el ventanal, maquinando con su mente.
-Han... entrado en la ciudad-volvió a decir
-Un puñado de campesinos os ha burlado?-respondió con una voz grave, sin mirar al soldado.
-No luchan solos, señor.
El hombre enarcó una ceja.
-Luchan acaso también con los perros que vigilan su cosecha?-preguntó con una sorna que puso todavía más nervioso al soldado.
-No, mi señor, lucha un guerrero que tiene la valía de veinte de los nuestros. Prácticamente nos está diezmando él solo, señor.
-Es humano?-preguntó.
-Oculta su rostro con un yelmo- Contestó el soldado- Pero esa agilidad y esa maestría con la espada no es propia de un humano. Tiene que ser un elfo, o quizás... un Jinete.
El hombre de la barba tensó los labios y tardó en responder.
-Has visto algún dragón?-Le preguntó amenazante.
-No, pero...
-Lo has visto?!-volvió a amenazar.
-No, mi señor.
-Entonces como va a ser un Jinete, estúpido!-Le gritó.
El soldado calló y bajó la cabeza.
-Hay algún mago entre sus filas?
-Creemos que no.
-Tampoco tu supuesto Jinete?
-Si lo es, todavía no ha usado su magia ante nuestros ojos.
El hombre adquirió esta vez un gesto frío y dejó de mirar a su subordinado.
-Acabad con todos esos traidores- Añadió- En cuanto a ese guerrero...Hoy morirá.
-Márchate- Finalizó la conversación.
Un tremendo odio, y también inquietud, se apoderó de su cuerpo. Había sentido a aquel guerrero, su mente, nunca había percibido otra igual. Y no descartaba la posibilidad de su soldado.
Los campesinos atacaban con ira para recuperar lo que era suyo. Garrund se había hecho con una lanza de soldado, que era mucho más efectiva que su vieja horca, y Éiner luchaba también en el frente con valor. Y junto a ellos estaba Sez, una máquina que ejecutaba movimientos totalmente coordinados y no descansaba ni por un momento. Los soldados optaban por atacar a los campesinos y luchar lo más lejos de Sez, no les culpaba de su miedo, pero no vacilaba en darles castigo. Las flechas eran lo peor para la multitud rebelde, a pesar de que Sez era capaz de detenerlas con unas simples palabras, o las defensas mágicas que había establecido las inmovilizaban en el aire, alcanzaban a bastantes campesinos. Tras la "infantería rebelde" los arcos de caza también repartían saetas a los soldados.
Y otra gran nube de flechas iba caer de inmediato sobre ellos, Garrund miró hacia ellas y en su pupila se reflejaron las puntas brillantes y afiladas.
-Letta orya thorna!
Detén esas flechas!
Gritó Sez, y las flechas se detuvieron en el aire. Con un gesto de su mano las dirigió hacia sus enemigos. Los campesinos vitorearon al ver como un gran grupo de soldados era abatido con esas flechas.
Sez saltó sobre un tejado y los arqueros allí apostados no tuvieron tiempo ni de tensar sus armas. Saltó a otro tejado y continuó con esa labor, ya que los arqueros eran los que más daño causaban. Los campesinos luchaban juntos, en grupo, uniendo sus fuerzas, ese había sido uno de los consejos de Sez que estaba dando resultado. Y los soldados cada vez eran menos.
Vamos!-gritó Éiner por las buenas espectativas que presentaba aquella batalla a la vez que hacía avanzar sus filas.
Sez miró hacía él y sonrió por la euforia del chico, que potenciaba el manejo de su arma. "Será un buen guerrero", pensó. Pero entonces fue cuando lo sintió y su sonrisa huyó de inmediato. Un destello rojo como la sangre iluminó todo el cielo de repente. Perecía que el sol descendía de los cielos para aplastarlos.
Un campesino gritó soltando su arma y llevándose las manos a la cabeza. El miedo se apoderó de sus cuerpos. Sez cogió carrerilla por encima de un tejado, pegó un salto de tigre y aterrizó justo delante de los rebeldes. Envainó su espada con velocidad y extendió las manos hacia el cielo. Los que seguían absortos en su lucha, dejaron de hacerlo debido a un calor sofocante que se empezó a sentir de repente, y vieron lo que se abalanzaba sobre ellos.
- Skölir nosu fra brisingr! -gritó Sez con claridad y determinación.
La enorme bola de fuego que los iba a devorar se desmembranó en varias lenguas de fuego que se desviaron para continuar con su velocidad paralelas al suelo. Aún así, varios hombres fueron calcinados y se retorcieron mientras las llamas los envolvían, y no sólo campesinos. Una vez se volvió a ver el cielo nadie luchaba, ni siquiera se movían. Y Sez respiraba rápido para recuperarse del esfuerzo.
A lo alto, en un balcón, se alzaba sublime la figura de un hombre. El mago. Su rostro, de barba afilada, miraba con odio a Sez, que había detenido con éxito su ataque. Dijo unas palabras inaudibles y su cuerpo se elevó en el aire y descendió hasta la batalla, ahora estática. Su capa se ondulaba en el aire, y cogió gran vuelo cuando se posó sobre la tierra. Tenía una mente férrea, pero a Sez no le intimidaba, porque la suya también lo era. El mago estaba situado a unos veinte metros de Sez, y ambos se miraban con sendas máscaras estoicas.
Prefieres la victoria a la vida de tus soldados?- Le dijo Sez mentalmente.
El mago tardó en responder, seguramente porque escrutaba la mente de Sez, pero inútilmente, ya que estaba bien protegida.
Eres un diestro guerrero, pero no tienes experiencia en grandes batallas. Y ahora que los soldados poseen mi apoyo tienes las de perder.
No lo creo. -respondió Sez
El Imperio te puede convertir en un guerrero y mago mucho más poderoso, si te unes a el.
No -Cortó Sez.
Galbatorix, Jinete más poderoso de todos, te enseñaría a dominar una magia oculta...
Conozco la magia suficiente para derrotaros a ti, a Galbatorix y al Imperio entero.
El mago tensó los labios en una sonrisa.
Que hay tras ese yelmo, el rostro de un Dios? -Preguntó con desdén el mago
Si me provocas, el de un demonio -Le dijo Sez con una fanfarronería mayor, algo que desquició al mago, pero admiró su temple.
Únete a mí, únete a Galbatorix. El Imperio te hará invencible...
-Te doy tres caminos a elegir-gritó esta vez Sez -Huir. Rendirte. O luchar. Y todos ellos llevan al mismo desenlace, el más justo. Que le devuelvas lo que es suyo a esta gente.
Los campesinos y soldados no movían ni un músculo, y miraron hacia Sez confusos.
Tienes miedo. -Le dijo el mago mentalmente
Sez le respondió con calma.
Cómo lo sabes? si no puedes penetrar en mi mente.
El mago hizo una pausa y un amago de sonrisa asomó entre su canosa barba.
Lo veo en tus ojos.
Entonces Sez comenzó a andar lentamente y el verde de sus ojos escintileó.
Estás seguro, brujo, de que eso es lo único que ves en mis ojos?
Y atacó como un mazazo las defensas mentales del mago. El mago giró su cara con un gesto de asombro, y ahora la sonrisa se había convertido en una mueca de odio e ira. Entornó los ojos y pronunció unas palabras. Una fuerza invisible cogió a Sez de improvisto y lo golpeó con fuerza en el pecho. Los campesinos apretaron sus armas al ver como su paladín era abatido. Sez voló por los aires y su casco salió despedido con tanta fuerza que quedó sobre la muralla. Pero gracias a su agilidad se apoyó en las manos y cayó con los pies en el suelo, que hicieron dos surcos en la tierra. Ahora no era el yelmo el que le ocultaba la cara, sino su largo y rojizo pelo. Sez levantó su cara y apuntó con su mirada al mago, acto seguido se levantó sin dejar de mirarlo.
Un Sombra!!! -exclamó mentalmente. Pero los soldados y campesinos también captaron su asombro en su rostro.
-Sabéis a quien estáis siguiendo, insensatos!- Vociferó el mago a los campesinos a la vez que atacaba con una fuerza mental tremenda las defensas de Sez.
Sez se defendió y los músculos de sus mandíbulas se marcaron.
-Es un Sombra!-volvió a gritar el mago-Una de las criaturas más perversas que existen! Estáis obedeciendo a espíritus malignos que no quieren más que poder y beneficio propio!
Los campesinos se echaron hacia atrás ante los comentarios del mago. "El mago está intentando ponerlos en su contra", pensó Sez, algo que ya se temía.
-Acabemos ahora con él y no quedaremos a su merced!- El mago hablaba con dificultad, la lucha mental absorbía toda su atención.
-No le escuchéis!!!-Eso es precisamente lo que iba a gritar Sez, pero Garrund se le adelantó, y el sombra lo miró de reojo.
-Recordad quien nos ha quitado nuestro pueblo, y quien intenta devolvérnoslo!-volvió a rugir Garrund.
-Inconsciente campesino-Dijo el mago entre dientes.-Jierda! -gritó, y la lanza de Garrund se partió entre sus manos en un sonido seco.
Ese hechizo del mago ayudó a Sez a ganar terreno en la lucha mental. Pero los campesinos se echaron más hacia atrás todavía con más temor. Excepto el propio Garrund, que dio un paso al frente con valentía.
-No os dejéis acobardar, nosotros también tenemos un mago!- y volvió a añadir con un tono que llegó a todos sus camaradas-Si nuestro ángel de la guarda ha de ser un demonio, que así sea!
-Acabad con el sombra!-rugió el mago notando que sus defensas cedían.
Sez estaba demasiado absorto en su lucha mental y no podría defenderse de los ataques físicos.
Sombra vio por el rabillo del ojo izquierdo como un soldado se abalanzaba sobre él con la espada en alto dispuesto a clavarla en su cuello. Pero entonces apareció Garrund con la brutalidad de un mastodonte y agarrándolo con una mano descargó un puñetazo contra su rostro. Fue tal la fuerza con que lo hizo que Sez pudo escuchar como se partían los huesos del pómulo del soldado.
-Proteged a Sez!!-Rugió también Garrund.
Y Sez se dio cuenta de que no era un simple líder para los campesinos; ellos confiaban en el sombra de verdad. Eso le dio fuerzas.
Sez comenzó a caminar despacio hacia el mago mientras los campesinos luchaban contra los soldados a su paso para evitar que lo alcanzaran.
-Acaba con él!-Le gritó Éiner mientras mantenía a raya a un par de soldados agitando su espada.
Entonces olvidó todo lo demás y se concentró al máximo. Miraba al mago a los ojos y cada vez estaba mas cerca de él, al cual le comenzaban a caer gotas de sudor por la sien.
No puedes vencerme! - gritó el mago y una descarga de energía salió de su interior. Los combatientes se desplazaron, pero los pies de Sez siguieron caminando con firmeza, sólo su pelo y su capa ondearon en el aire. Entonces a Sez no se le escapó como los ojos del mago miraron durante unas milésimas de segundo hacia arriba.
- Gath sem oro un lam iet!-dijo Sez con rapidez antes de que una flecha atravesara su pecho.
Une esa flecha con mi mano.
Y la flecha se quedó girando sobre la palma de Sez.
Debiste haberte marchado -Le dijo Sez.
El mago abrió mucho los ojos mirando a su oponente.
-Y ahora...-concluyó Sez- Gath sem oro un hamund siet.
Une esta flecha con su corazón
Y la flecha salió despedida de la mano de Sez y se clavó en el centro del pecho del mago. El hombre de la barba amenazante, ahora no era más que un muñeco de trapo que se agarraba la flecha que estaba fuertemente clavada en su pecho en una mueca de dolor.
Pagarás por esto, Maldito Sombra. Los apóstatas, o el mismo Galbatorix, irán a por ti y vengarán mi muerte... -dijo el mago en su último aliento.
Les estoy esperando.
Y Sez permaneció en pie mientras su oponente se desplomaba muerto hacia atrás. Había vencido.
Y las fuerzas y la valentía de los soldados se habían marchado con su mago. Ahora no eran más que niños que intentaban escapar, porque ya tenían asumida la derrota.
Los rebeldes alzaron sus armas y estallaron en vítores como nunca lo habían hecho. Sez respiró hondo satisfecho.
-Sentid alegría y euforia por lo que habéis conseguido!-gritó Sez-Hoy es un día grande! Habéis luchado bien, con valentía y honor! Y Ceunon vuelve a ser vuestro!
Y los campesinos gritaron más que nunca.
-Pero escuchad! El trabajo todavía no ha acabado! Ahora, aquí, ya no quedan enemigos, solo hay heridos! Así que ayudadlos y traedme a los más graves para que pueda curarlos!
Y eso fue lo que hicieron.
-Y que hacemos con los soldados y con los traidores?-Preguntó uno de ellos.
-Una vez estén atendidos, eso es decisión vuestra. Sé que queréis respuestas, así que buscadlas antes de tomar una decisión precipitada.
Garrund se le acercó mientras Sez curaba profundas heridas de flechas o espadas.
-Ha sido una buena batalla. Te estaremos eternamente agradecidos. Tú nos has llevado a la victoria.
-Vosotros habéis hecho la parte más difícil. Saber confiar en mí.
-Es cierto lo que ha dicho el mago?
-Sí, lo es… Waisé heill!-dijo apoyando las manos sobre las heridas de un soldado.
-Pues tendremos más cuidado con el próximo sombra.-dijo Garrund sonriente.
Sez también esbozó una sonrisa y se levantó.
-Apuntalad las puertas y traed a vuestras mujeres e hijos del bosque!!-Gritó Sez, y volvió a añadir dirigiéndose a Garrund -Eres un gran líder, Garrund. Ahora toda la responsabilidad caerá sobre ti. Mi trabajo aquí ha concluido. He de marcharme.
-Por qué no os quedáis aquí, en Ceunon?-Saltó Éiner, que escuchaba desde atrás.
-Hay más gente como vosotros que necesita ayuda.
-Lo comprendemos.-Dijo Garrund echando una mano al hombro de Éiner.
Éiner miró a los verdes ojos de Sez y el sombra le devolvió la mirada.
-Luchar a vuestro lado, me inspira valor.- dijo el joven.
Sez se agachó.
-Debes aprender a sacar valor de tus sentimientos, para no depender de nadie en la batalla. Y cuando aprendas eso, serás tu quien inspires valor a los demás y fortalecerás a los que luchen a tu lado.
-Adonde os dirigís ahora, Sez?-Le dijo Garrund.
-Me adentraré un poco en el bosque, tras esta batalla necesito descanso.
-Pero… no sé si a los elfos les gustará que un "sombra" entre en su territorio...
-Su territorio?-Contestó Sez enarcando una ceja, y acto seguido se rió.
Antes de marcharse se dirigió a Éiner.
-Luchas bien, si sigues así, puedes llegar a convertirte en un hábil guerrero, y podrás llegar a librar grandes batallas. Quien sabe, a lo mejor nos volvemos a encontrar luchando contra el Imperio...
Y Éiner sonrió.
-Siempre serás bien recibido en Ceunon!-Le dijo Garrund mientras Sez se disponía a saltar.
-Un du evarínya ono varda!-Dijo el sombra mientras saltaba al exterior y se marchaba corriendo.
Y esa fue la última visión de Éiner de aquel extraordinario guerrero de pelo rojizo. Su casco allí, inmóvil, sobre la muralla, y a lo lejos, su figura corriendo hacia el horizonte.
Deja aquí tus opiniones:
©C.P.L. Colabora: Diario dun piso de estudiantes