Sombra de un Jinete

Hazaña IV:

Marna

Todavía faltaban unas horas para el amanecer pero Sez ya cabalgaba en Furia del Bosque hacia su próximo destino, el Desierto del Hadarac. Se había asegurado de llenar las odres de agua al máximo, ya que la travesía sería calurosa y dura.

Cada vez le gustaba más su nuevo caballo, aparte de poseer una hermosura digna de un caballo elfo, se parecía al de cualquier establo humano por su pelaje largo e incontrolable. Tenía unos ojos vivos y atentos, como los de Sez, y su mirada incluso inspiraba ternura. Un caballo potente y bien adiestrado, y no es que tuviera los aires de grandeza del caballo de un rey, sino los de un propio rey. Y Sez se sentía a gusto sobre su montura, porque supo que aquel caballo había decidido que, el Sombra, era digno de ella.

"Gracias Syrianna", sonrió y se elevó en sus estribos con las piernas flexionadas. Su capa ondeaba en la noche mientras, jinete y corcel, cruzaban a gran velocidad la estepa. El fresco aire de la noche le acariciaba las sienes y las mejillas, agitándole el pelo.

Llegaron hasta unos picos y aminoraron la marcha para rodearlos. Eran altos, de roca anaranjada, y la luna se alzaba sobre ellos emitiendo su brillo, mostrando una imagen que bien podría retratarse en un fairth.

Despacio -advirtió Sez mentalmente a Furia del Bosque.

Había percibido algo. Aunque no podía deducir con exactitud a quien pertenecían esos pensamientos. Esas mentes se parecían más a la de un animal que a la de cualquier otra cosa. Sin embargo, no pudo pasar por alto un interés por el beneficio propio, como en muchos humanos. También pudo percibir unos atisbos de mentira y engaño en esas mentes, y lo que menos le gustó fue lo retorcidas que eran. Esos individuos eran falsos y egoístas, no era gente de fiar. Mercaderes de esclavos, tal vez; pensó. No, imposible; descartó mientras se acercaba. Y cuanto más recortaba distancias con sigilo, con más intensidad percibía esas mentes, y más convencido estaba de que no podían ser hombres.

Al otro lado de los picos descubrieron a los dueños de esas mentes. Unas figuras oscuras mascaban alrededor de una hoguera grande. Un fuerte olor penetró en los orificios nasales de Sez que le provocó nauseas; carne humana. Reconoció al instante a aquellos seres, su padre le había hablado de ellos muy a menudo. Los Ra´zac.

Sez analizó con rapidez toda la escena desde la distancia y en las sombras, su vista así se lo permitía. Y al lado de sus oscuros caballos, donde estaban las cadenas y demás armas que utilizaban aquellos despiadados cazadores de dragones del Imperio, vio algo que lo conmocionó. Había un niño, muy joven, apenas tendría cuatro o cinco años, atado y amordazado, lleno de magulladuras. Pero lo que más le dolió a Sez fue que no estaba atado con cuerda, sino con cadenas. Las cadenas construidas para aprisionar las potentes alas de un dragón, estaban ahora aprisionando las débiles extremidades de un crío. Aquellos seres, completamente inhumanos, no mostraban compasión ni piedad alguna. Sez estaba seguro de que tenían órdenes de mantenerlo con vida, si por ellos fuera, no quedarían más que los huesos de ese desgraciado chico. El rostro de Sez permaneció inescrutable e impasible.

Con un simple gesto de su mano su capucha ocultó por completo su rostro y comenzó a trotar lentamente hacia ellos. Escuchó con claridad sus ruidosos chasquidos, que en ocasiones emulaban grotescas carcajadas, pero los Ra´zac no advirtieron su presencia hasta que estaba a unos metros de ellos.

-Que hermosa está la luna hoy-Dijo Sez despacio con voz grave para atraer su atención- Buenas noches.

Los Ra´zac se exaltaron y tambalearon hacia atrás, sorprendidos. Sus grandes ojos negros vidriosos, bajo la capucha, lo miraron con desprecio por invadir de aquella manera su soledad.

-Largo de aquí, viajero! sino quieres que se acaben tus viajes!-Gruñó uno de ellos y Sez tuvo que mantener su boca tras su capa para rehuir aquel nauseabundo hedor.

-Tranquilos. No he venido a molestaros-A Sez le hicieron gracia sus propias palabras, que sonaron tímidas y con miedo- Sois vendedores de esclavos?-Dijo echando una mirada al chico.

Uno de los Ra´zac se apresuró a tirar unas pieles sobre el joven para ocultarlo. Luego se acercó intimidante a Sez y Furia del Bosque tuvo que retroceder unos pasos.

-No! Vete de aquí! No escuchas?-Gritó enfadado.

-Está bien- Concedió Sez y se arremangó las mangas, mostrando sus antebrazos, para que el olor de la carne fresca llegara a ellos-Me marcharé enseguida, pero no tendréis la amabilidad de darme algo de comida antes de partir? Un trozo de pan y un trago de agua al menos. Os lo agradecería profundamente.

Aunque aquellas criaturas eran muy distintas a los úrgalos, Sez sabía que también obedecían a su instinto, en menor medida. Sólo necesitaba avivárselo un poco. Estaban cansados, y Sez sabía que no rechazarían un buen trozo de carne fresca que se presentaba delante de sus narices.

Los Ra´zac permanecieron callados e intercambiaron miradas.

-Acaso viajáis sin comida?-Preguntó Sez con rapidez- O tal vez cazáis?

-Cazamos-Dijo el Ra´zac más grande, que seguía sentado.-Cálmate y siéntate-Le dijo a su compañero que se había encarado con Sez. Y a continuación le dirigió unos chasquidos y ruidos de mandíbulas.

-Claro que te daremos algo de comer, no dudes de nuestra hospitalidad! Almorzaremos juntos antes de marchar! -Dijo el Ra´zac abriendo los brazos y con una mirada de confianza. Luego dirigió más chasquidos a sus compañeros y Sez reconoció otra vez esas risas en su idioma.

-Pero antes refréscate un poco, debes de estar cansado de la caminata nocturna.-Dijo mientras rebuscaba entre sus cosas el más grande, que parecía el cabecilla.

Cogió una vieja toalla de mano húmeda y se levantó. Los otros dos permanecieron expectantes con miradas atentas.

-Toma. Sécate un poco el sudor de las sienes- volvió a decirle a Sez.

Sez analizó al milímetro todo aquello. Y agudizó su atención en las partes de la vieja toalla por las que el Ra´zac la sujetaba, las cuales estaban totalmente secas. "Crueles criaturas" pensó.

Sez le miró y le dijo:

-Muchas gracias. Sois muy amables.

Desmontó de Furia del Bosque y mientras recogía sus riendas le dijo mentalmente: Estate atento, nos atacarán.

Se acercó lentamente, preparado y alerta. Tendió la mano despacio hacia la toalla que le ofrecía el Ra´zac jefe de los tres. Pero antes de que la punta de sus dedos la tocasen, pronunció unas palabras, y la toalla salió despedida hacia el interior de la capucha del Ra´zac. En ese instante los otros dos emitieron furiosos crujidos de mandíbulas mientras se abalanzaban hacia Sez desenfundando sus espadas. Sez sacó la suya con rapidez y la movió más rápido que nunca para contrarrestar a ambos espadachines. El Ra´zac grande arrancó la toalla con fuerza de su rostro y la arrojó al suelo, pero el aceite de seithr ya había estado en contacto con su piel. Emitió fuertes chasquidos y crujidos, poniendo en evidencia su dolor; pero más que el propio dolor físico, le dolía haber sido burlado de aquella manera.

-Thyrstra!-Gritó Sez y los Ra´zac salieron despedidos.

Utilizó aquellos instantes de ventaja para acercarse al joven. Le puso dos dedos en el cuello y comprobó que seguía con vida.

-Matadle!-Rugió un Ra´zac y se incorporaron con una agilidad inhumana.

Sez miró el panorama, debía sacar a aquel chico de allí. Pronunció: "brinsigr reisa!" y el fuego de la hoguera refulgió en la noche y cobró vida. Con sutiles gestos de su mano dirigió a la gran lengua de fuego que emanaba de la hoguera para mantener a raya a sus adversarios. Rompió las cadenas que inmovilizaban al muchacho con magia y lo agarró sobre su hombro izquierdo para poder seguir blandiendo su espada. Dos de los Ra´zac saltaron entre el fuego y se plantaron ante Sez, y luego llegó el tercero, el grande, que con otro gran salto entre las llamas cayó ante Sez dejándolo acorralado contra la piedra de la montaña.

-Pagarás por lo que has hecho-Dijo encolerizado con la capucha retorcida, que mostraba un trozo de su cara quemada por el aceite ácido.

Entonces sintió algo mentalmente que lo tranquilizó. Furia del Bosque atravesó las llamas por el aire y embistió contra los Ra´zac que perdieron el equilibrio y cayeron. Sez enfundó su espada con velocidad y montó en él con rapidez. Colocó al muchacho entre él y la grupa del caballo y agitó sus riendas a tiempo que lo azuzaba para cabalgar. Huyeron con velocidad mientras los chasquidos de aquellos seres sonaban más enfadados que nunca.

Furia del Bosque cabalgaba con bravura y potencia, y el joven chico se le escurría entre los brazos de Sez. Entonces Sombra entró en su apagada mente y le susurró: Vamos despierta, estás a salvo. La mente del chico se removió. Era una mente extraña, sometida a mucho dolor, afligida. El chico abrió los ojos, confuso, y se agitó.

-Estate quieto o te caerás!-Le dijo Sez.

-Quien eres tú?!-Preguntó el joven- Que ocurre?!

-Te lo explicaré después, ahora agárrate, tus amigos querrán recuperarte.

Sin embargo su mente los percibía lejos. Miró hacia atrás y descubrió que no lo seguían, y eso no le auguró nada bueno.

-Me has salvado de los Ra´zac?!-Volvió a decir el joven.

Sez se limitó a asentir con la cabeza sin dejar de mirar al frente.

-Debiste haberlos matado mientras dormían!-Dijo el chico.

Sez miró hacia él y vio sus ojos llenos de odio, aquellos seres debían haberle causado mucho dolor.

-Malditas bestias! si tuviera más fuerza...

-Silencio!-Dijo Sez.

Su mente acababa de toparse con otra que se acercaba con agilidad. Un rechinante rugido se escuchó en los cielos, miró hacía allí de donde procedía pero no consiguió ver nada.

-Vamos! Con premura, Furia del Bosque!-Animó al corcel.

Y el caballo exprimió todavía más sus fuerzas para aumentar su velocidad. El chico se agarró con fuerza al fuerte pelo de su grupa.

Pronto abandonarían aquellas montañas y se adentrarían en campo abierto, ya se veía la llanura en el horizonte. En ese momento pareció que un huracán se les echaba encima, y una gigantesca bestia alada posó sus pesadas extremidades en su camino, cortándoles el paso. Montado en la espalda del Lethbraka iba el Ra´zac de la cara quemada. Sez agarró al chico y las correas del corcel con fuerza. Había oído hablar a su padre de aquellos seres, y de lo peligrosos que eran.

-Pretendías escapar?- Dijo el Ra´zac.

El feo rostro de la bestia alada se contorsionó cuando ésta abrió las fauces para emitir un rugido. Sus alas negras y membranosas casi le ocultaban todo el horizonte.

-Atrás!-Gritó Sez a los seres mientras Furia del Bosque retrocedía con temor.

-Devuélvenos al chico, y tu muerte será lo menos dolorosa posible.

-Cual es el motivo de que el Imperio desee con tanto anhelo a este joven?-Se aventuró Sez.

-Esos asuntos son sólo del Rey!-Respondió impaciente.

-Bueno, ahora mismo soy yo quien tiene al chico.

-Entréganoslo si no quieres que te lo arranquemos!-Dijo desde la grupa de la bestia mientras ésta avanzaba unos pasos.

-Os sirve...-Sez sacó su espada y la apoyó contra el cuello del joven-.. su cadáver?

Tranquilo, no te haré daño-le dijo mentalmente al chico que se puso nervioso.

El Ra´zac rió.

-Vais a matar lo que acabáis de salvar?

Sez pegó la espada a la garganta del joven que soltó un gritó de temor.

-No!-gritó el Ra´zac estirando un brazo.

Y ahora fue Sez quien dejó escapar unas carcajadas.

-Y ahora contestad, por qué tiene tanta importancia la vida de este joven para el rey?

-Esos son asuntos únicamente de él! Nosotros sólo obedecemos sus órdenes! Danos al chico y deja de tentar a la muerte!-Rugió tremendamente enfadado.

Sez debía hacer más tiempo, en eso consistía su plan.

-Que es lo que sabéis, entonces, que pretende hacer el rey? Hay algo que no les oculte a sus fieles servidores?- preguntó Sez con tono burlón y valentía.

-Me parece que no sabes realmente a que te enfrentas- Dijo con impaciencia.

-El que no lo sabes eres tú- Dijo Sez y se quitó la capucha.

El Lethbraka dio unos pasos hacia atrás y los ojos del Ra´zac se agrandaron todavía más.

-Que.. mestizaje... no es posible!- Dijo perplejo.

El chico también lo miró y de la impresión casi se cae del caballo.

Una sonrisa se dibujó en la torva boca del Ra´zac.

-Te castigarán por esto.. Te has creado una raza entera como enemigo..-Dijo el Ra´zac despacio.

-Tengo oído que los Ra´zac no sois muy numerosos..

-No me refiero a los Ra´zac, iluso! Sino a los Sombra..

Pues si, aquel hombre con rasgos insectiles tenía razón, pero Sez tenía cosas más importantes de que preocuparse en aquel momento.

-Crees que eso me preocupa? Un Imperio entero es mi enemigo..

-Que sin duda acabará aplastándote..

La cola del Lethbraka se descargó como un pesado látigo negro contra el suelo arcilloso. Furia del Bosque saltó a tiempo para esquivarlo y tuvo que clavar firmemente sus herraduras en la tierra para soportar el temblor que provocó. Otro rugido más de aquella bestia desgarró el aire nocturno que empezaba a aclararse.

Ambas bestias se acercaron amenazantes hacia el corcel con dos jinetes, el Ra´zac con los ojos desorbitados y el Lethbraka con las fauces abiertas como si fuera un gigantesco cepo de caza. Pero en ese momento los primeros rayos de sol llegaron desde el este en ayuda de Sez. Estaba amaneciendo. Y cada vez más luz abatía a aquellas bestias nocturnas. El enorme murciélago retrocedió batiendo sus alas. Pero luchó contra la luz para acabar con aquella presa que estaba tan cerca.

Sez levantó una mano con determinación y rugió:

-Garzjla!!

De su mano surgió un potente brillo blanco que cegó e hizo retroceder a sus enemigos, ayudado por los rayos del astro rey.

-Marchad a vuestras oscuras cavernas, abominables criaturas, y decidle a aquel al que servís que un nuevo enemigo se ha alzado contra él!

El Lethbraka pegó otro fuerte rugido a la vez que batía las alas para huir de aquella marea de potente luz. Entre unas potentes ráfagas de viento el Lethbraka se marchó a los aires y su Ra´zac jinete le dirigió a Sez una mirada ávida de venganza.

-Odian la luz del día- Le dijo Sez al chico.

Ambos descabalgaron para descansar ahora que estaban a salvo.

-Bebe un trago de agua-le dijo tendiéndole una odre de piel- Debes de estar cansado.

-Gracias- Dijo llevando el agua a los labios, sediento.

-Por qué te busca el rey?-Preguntó Sez.

-No lo sé-contestó.

Sez lo observó con paciencia. Se acercó a él y le levantó su camisa para observarle algo que había visto en su espalda. Una fea cicatriz atravesaba su cuerpo, desde un hombro hasta sus lumbares. El chico se apresuró a bajarse la camisa.

-Quien te ha hecho eso?

-Nadie..-contestó.

Sez volvió a aguardar paciente mientras el chico se echaba agua sobre el pelo, sin dejar de mirar a su salvador por el rabillo del ojo.

-Cual es tu nombre, hijo?- Preguntó Sez en tono paternal.

El chico vaciló en decírselo, pero luego cedió.

-uhm... Murtagh, señor. Y el vuestro?

-Sez Snáider.

-Sois un Sombra?

-Se podría decir que sí.

-Y es cierto que no estáis del bando de Galbatorix?

-No. Él es mi enemigo, como ya has oído.

-Corren rumores de que algunos Sombras son sus aliados más allegados.

Sez miró a los ojos a aquel chico. Escrutó su mente y percibió que ocultaba muchas cosas, muchas cosas que serían valiosa información para Sez, pero una de las normas básicas que le había enseñado su padre es que los recuerdos solo pertenecen a aquellos que los han vivido. Los recuerdos del chico únicamente le pertenecían a él.

-Y tus padres?-volvió a preguntar Sombra.

-Tal vez muertos... no lo sé con certeza.

Mentiras, o por lo menos no contaba toda la verdad. Si aquel chico tan joven era tan valioso para el rey, es que su linaje era valioso.

Sez miró otra vez al chico y luego al horizonte.

-Te llevaré con los vardenos...

-Noo!!!-Gritó.

Sez lo miró.

-Por qué?

-Porque...

-Si no estás con el Imperio, con los vardenos es el lugar más seguro.

El chico permaneció callado.

-Propones alguna otra opción?

El chico le miró a los ojos verdes de Sombra.

-Agradezco que me hayas salvado de los Ra´zac y no dudo de tu nobleza. Pero ahora ya no puedes ayudarme más.

Sez percibió una mente acercarse.

-Qué inteligente.

-Quien?

-Tu caballo.

Un caballo de piel grisácea había aparecido cerca de allí.

-Tornac!-gritó el chico casi llorando de alegría-Pensé que había huido.

-Tienes un corcel más fiel de lo que pensabas. Pero no eres muy joven para cabalgar?

-También soy joven para vivir sin padres, y joven para trabajar, y para luchar en guerras...

Sez comprendió a aquel chico, el cual le recordaba tremendamente a él cuando era más joven.

-El Oeste te llevará hacia ciudades cerca de aquí, busca trabajo, busca un hogar, aprende a sobrevivir.

-No me obligas a ir con los vardenos?-Dijo mientras montaba en Tornac.

-No.

El joven hizo una pausa.

-Ya me las arreglaré. No te preocupes.

Sez sonrió.

-No me cabe ninguna duda. Eres valiente, y duro como una roca. Aprende entonces a ser independiente, pero recuerda, no rechaces ayuda de quien te la preste, ni rechaces ninguna enseñanza, ya que será así como aprendas a sobrevivir y como te forjes como hombre.

-Gracias, Sez, por salvarme y por tu confianza. Estoy en deuda contigo. Aprenderé a utilizar la espada para acabar con esos Ra´zac.

- No olvides, también aprender a utilizar la mente...

El chico asintió conforme con aquel extraño que parecía compartir tanto con el.

-Lo haré.

El chico agarró las riendas de Tornac.

-Murtagh!-Llamó Sez y le tendió una de sus cantimploras-Te puedo ayudar una última vez-dijo sonriente- Aún te quedan unos kilómetros de camino hasta el primer pueblo.

-Gracias otra vez! No olvidaré todo lo que has hecho por mi, Sez Snáider.-Dijo el chico con lágrimas en los ojos por sentirse libre y respetado. Sez supo que pocas veces lo habían tratado así.

-Cabalga, pues, hacia tu destino!-Le dijo Sez.

Y Murtagh cabalgó en Tornac hacia los pueblos del Oeste. Sez suspiró y montó en Furia del Bosque. "Ojalá te vaya bien, muchacho", pensó. Había percibido, no en su mente, sino en sus ojos, pasión; era emocional e impulsivo, y esperó que eso no lo traicionara algún día.


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©C.P.L. Colabora: Diario dun piso de estudiantes