Sombra de un Jinete

Hazaña VI:

Orthíad

El viaje por el desierto había sido agotador y monótono. Se tocó los labios suaves y húmedos, apenas agrietados, y otra vez más se acordó de aquella elfa de ojos rasgados que conoció en el bosque, y le dio las gracias; había usado una tarrina de Nasgalk que había encontrado en las alforjas para proteger sus labios durante todo el camino.

Se alegró al notar que la arena cada vez era menos densa y comenzaba a aparecer una suave y tímida hierba en el terreno. Habían llegado a las montañas, las colosales Montañas Beor. Alzó la vista todo lo que pudo unicamente para ver como sus cumbres se introducían en las lejanas nubes. Continuó su viaje entre los pies de aquellos gigantes.

El clima cambiaba, cada vez más frío y neblinoso. La vegetación aumentaba y la fauna también. Tanto Sez como Furia del Bosque estaban mucho más agustos con el nuevo entorno que ahora los acogía. Y pronto vislumbraron una de las ciudades enanas del oeste, Orthíad.

Cabalgó hacía allí, donde había luces y movimiento. Tiró de las riendas de Furia del Bosque justo a tiempo para esconderse de dos guardas que venían montados en feldunost. Esperó a que siguieran con su patrulla y continuó hacia la ciudad.

Las casas eran de piedra, y aunque eran de la medida de los enanos, no le resultaría difícil a un humano o elfo entrar en ellas. Descabalgó y se puso la capucha de su capa. Y tirando de las riendas de Furia del Bosque se adentró en las calles de la ciudad enana de Orthíad.

A Sez le resultó estraño ver a los enanos sin sus yelmos ni sus hachas de guerra. Paseaban por las calles con sus melenas y sus barbas al aire, relajados y alegres. Muchos de ellos miraban a Sez con curiosidad, incluso algunos con cierto temor, pero otros no le prestaban más atención que la que le prestarían a un simple humano que viene de visita. Muchos salían en grupo de grandes edificios, otros hacían guardia con sus hachas a las espaldas. Vio a niños correteando por las calles y hasta creyó ver algunas mujeres.

Se acercó hasta un establo y se dirigió hacía un fuerte enano que alimentaba a mas caballos y sobre todo poneys. Su padre también le había enseñado a hablar enano, aunque no lo hacía con tanta fluidez como el idioma antiguo.
-Podría dejar aquí mi caballo durante unas horas?-Dijo Sez en correcto idioma enano.
El enano lo miró sorprendido pero luego sonrió.
-Por supuesto-Contestó en enano también, y agarró las riendas de Furia del Bosque y lo llevó a un lugar con alfalfa y auga fresca. Sez lo siguió.
-De donde sois, viajero- dijo sonriente.
-Vos mismo lo habeis dicho, soy viajero-Dijo Sez también sonriente.
El enanó dejó escapar una carcajada.
-Simplemente lo decía por vuestro caballo, excelente ejemplar élfico, por cierto.
-No soy un elfo si lo decís por eso. Soy un simple viajero, sólo eso.
El enano volvió a soltar otra carcajada.
-Cuantas veces me habré topado con reyes que dicen ser simples viajeros.
Sez abrió la boca pero no supo que decir.
-No os preocupeis, caballero, mi trabajo es acoger a vuestro corcel, de las preguntas ya se encargan los guardias.
-Cuanto cobráis por unas cuantas horas?-pregunto Sez.
-No cobramos a extranjeros que dejen su caballo un día o menos. Va a ser así?
-Sí, así será. Vendré a recogerlo esta noche. Una pregunta más, amable enano, cual es el nombre del rey del clan enano que vive aquí, en Orthíad?
-No es un rey, es una reina. Nuestra señora Anhuin.

Su padre le había hablado mucho acerca de los clanes enanos.

-Podrías decirme donde puedo encontrar a alguién del clan de los trabajadores del fuego, del Dûrgrimst Ingeitum?
-Ese clan está oculto en un lugar enano, quizás la más grandiosa de todas nuestas construcciones. Un lugar secreto, sólo puedo decirte eso.
-Muy bien, gracias por todo.
-Bienvenido a Orthíad, educado viajero.
-Gracias. Una última pregunta si no abuso de vuestro tiempo.
-Claro.
-Una taberna donde sirvan buena cerveza?
Y el enano volvió a reir.

Las bisagras de la puerta chirriaron cuando Sez entró en la taberna que le habían indicado. Algunos le miraron con desconfianza, pero pronto volvieron a sus conversaciones y bebidas. Sez se acercó a la barra y se apoyó en ella, vio a dos humanos hablando más allá, también apoyados en la barra debido al tamaño de las mesas y sillas.
-Que os sirvo?-El tabernero tuvo que hacer la pregunta dos veces para llamar la atención de Sez.
-Una cerveza bien fresca.-Contestó Sez sin dejar de analizar el resto de la taberna con movimientos sutiles.
Los ojos de Sez escaneaban cada detalle bajo su capucha.

Al tener todo más o menos observado agarró su cerveza y le dio un buen trago que lo refrescó.
-Sois de la capital?-dijo una voz grave y áspera desde la altura de su cadera.
-Sí, de Ilirea, donde dicen que se ha proclamado un nuevo Rey-Volvió a repetir.
Sez miró hacia abajo. Vio un enano medio rubio, con trenzas en la barba, que llevaba una malla de guerra. Debía ser un guarda en su turno de descanso.
-No, pero sí puedo deciros que hay un nuevo Rey.
-He oído rumores acerca de eso, dicen que es uno de los Jinetes que acabó con ciertos traidores.
Sez giró su cabeza y miró al enano fijamente.
-Cómo dices?
-Así es. Un Jinete renombrado, honrado y sabio que hizo conservar el equilibrio entre los que montan dragones.
A Sez le interesó lo que le contaba aquel enano, le interesó mucho. él sabía exactamente lo que había ocurrido, se lo había contado su padre; pero le interesaba conocer lo que pensaban los demás.
-Cual es tu nombre, enano?
-Nérmal, Nérmal vrodirriel.
-Tabernero! Una cerverza para mi amigo Nérmal!-Dijo Sez llamando la atención del tabernero-Por que te llaman vrodirriel? barril sin fondo
Nérmal rió.
-Solemos hacer apuestas, y no hay nadie en todas las Montañas Beor que me gane. Quieres comprobarlo?-Dijo posando su cerveza con fuerza en la barra.
-No quisiera quedar en rídiculo ya el día de mi llegada...
El enano volvió a reir.
-Háblame del Rey y de los Jinetes.
-He oído muchas cosas, cosas extrañas que están ocurriendo- Echó un trago de su cerveza y siguió hablando- Dicen que algunos de los Jinetes se han alzado contra los demás, los llamados apóstatas. Y que están siendo derrotados gracias a nuestro nuevo Rey y otros aliados.
-Cómo sabes esas cosas acerca de los Jinetes?
-Nuestro clan, al estar situado cerca de los pueblos de los hombres, contribuímos con los Jinetes y apoyamos a Vrael. Nuestros mejores guerreros partirán pronto a Ilirea en su ayuda.
-Pero como un Jinete se va a proclamar Rey? Los Jinetes ya tienen suficiente trabajo con preservar la paz en estas tierras. No te parece que ese no es el estilo de los Jinetes?
-Hamunil nos ha dicho que ha tenido que ser así. Sino las cosas se le irían de las manos a los Jinetes y podría ocurrir lo peor.
-Quien es Hamunil?
-El Jinete del dragón esmeralda, pasa mucho por aquí, nosotros le obedecemos.
-Por que le obedeceis?
-Porque el nos protege.
Sez hizo una pausa.
-Anhuin está en contacto con Vrael?-Preguntó Sombra que evidentemente sabía que no, ya que Vrael había muerto.
-Pues no lo sé, pero creo que no habla con el desde hace tiempo.

Esa pobre gente estaba viviendo engañada.

-Cuando dices que parten vuestras tropas a Ilirea?-Preguntó Sez.
-Dentro de siete días como mucho.
-Está bien. Olvidemos a los Jinetes y las guerras-Dijo Sez y echó y largo trago de cerveza.
Nérmal lo imitó.
-Nunca antes había venido a un pueblo enano. Donde se asientan los diferentes clanes enanos.
-Todos están distribuidos por las montañas...
Y el enano le explico muchas cosas acerca de los clanes enanos, pero Sez casi todo ya lo sabía. De la localización de los del Dûrgrimst no dijo más que el anterior enano.
Sez invitó a varias cervezas más a Nérmal y cuando vio cierto brillo en sus hundidos ojos comenzo a hacerle preguntas más concretas.
-Háblame de ese lugar, donde están los del clan del Rey Hrothgar?
-Ya te he dicho...hip, que todos juramos guardar ese secreto...hip.
-Entonces dime como es ese sitio.
-Es la mayor fortaleza enana que te puedes imaginar...hip, es parte de la montaña, y ha llevado varias generaciones construirla. Allí se han librado grandes batallas, la mayoría de ellas con victoria para los enanos. Construida con el mármol más puro de toda Alagaësia. Un lugar que podría proteger a los trece clanes enanos juntos. Allí es donde se guarece el Dûrgrimst Ingeitum...hip.
Su padre también le había hablado de ese lugar pero nunca de su paradero.
Sombra miró al enano a los ojos y le dijo.
-No querías apostar? Te reto
Nérmal abrió tremendamente los ojos.
Sombra gritó para que toda la taberna lo escuchase.
-Reto a Nérmal Vrodirriel!
Los susurros se acallaron de inmediato. La taberna entera lo miró.
Nérmal giró sobre sí mismo mirando tanta espectación.
-Que tramposos sois los piernas largas! Ahora que llevo incontables copas!
-Estoy de acuerdo Nérmal, aunque no puedes negar que yo también he bebido las mías.
Nérmal se quedó callado.
-Así que cada copa que aguantes, serán dos que tenga que aguantar yo. Te atreves?- Dijo con voz desafiante mientras se ponía de pie.
Nérmal siguió callado un momento, y lo observó de arriba a abajo lentamente.
-No eres demasiado alto para ser un humano...hip, y por que escondes tu rostro?
Sez titubeó.
-Porque soy un poderoso Sombra y escondo mi melena rojiza bajo mi capucha para que no me delate.
Nérmal se quedó boquiabierto y paralizado. El resto de la taberna tambien se quedó petrificado
Acto seguido estalló en carcajadas y todo la taberna lo siguió. Nérmal tuvo que apoyarse en sus rodillas para dejar salir las estruendosas risotadas. Sez tambien rió levemente.
Y entonces Nérmal gritó para que su voz se oyese entre tanta carcajada.
-Acepto el reto!
Y la taberna entera aplaudió y rugió.
-Está bien. Si gano me dirás como se llega a ese lugar.
Nérmal se lo pensó unos instantes.
-Que lugar?-dijo una voz perdida.
-Aquel que nos acoge en tiempos de guerra y que nuestros abuelos, bisabuelos y tartarabuelos han ayudado a construir-Contestó Nérmal sin dejar de mirar a su contrincante.
La taberna entera se acalló.
-Eso se castiga con cincuenta latigazos!
-Nadie que no pertenezca a un clan debe conocer su paradero!
Volvieron a decir voces perdidadas y Nérmal recapacitó unos instantes.
-Y que gano yo?
-Seré tu esclavo hasta que muera, o lo hagas tu.
Nérmal volvió a pensar.
-No me interesa un esclavo.
Sez pensó rápido.
-Está bien, entonces apostaré algo que encontré en uno de mis viajes, pero sin hacer ninguna pregunta acerca de el.
Y Sez sacó la espada de su padre, pidió perdón a su padre por apostarla y siguió adelante con su plan.
El mayor asombro de todos surgió en aquella taberna enana. Incluso el camarero había cerrado el grifo del barril de cerveza dejando una jarra a medio llenar.
-De donde...
-He dicho sin preguntas. Aguanta de pie más que yo y es tuya. Quizás sea demasiado grande para ti, pero estoy seguro de que podrías cambiarla por un buen puñado de hachas de guerra de oro.
Nérmal dejó de mirarla y miró a los ojos verdes de Sez.
-Adelante!

El tabernero despejó una mesa grande y trajo un barril de cerveza sobre su hombro. Trajo tres jarras, le tendió una a Nérmal y dos a Sez. Todos los allí presentes dejaron de hacer lo que estaban haciendo y prestaron atención al enano y al encapuchado.

El tabernero llenó del todo la jarra de Nérmal y este comenzó a tragar. La fue inclinanco poco a poco hasta que toda la fresca cebada entró por su gaznate y el borde de la jarra tocó su entrecejo. Luego la posó con fuerza en la mesa y los demás enanos estallaron en rugidos y algunos le dieron palmas en la espalda. Se secó los labios con la barba y se dirigió a Sez.

-Tu turno.
El tabernero llenó ambas jarras y las deslizó hasta delante del encapuchado. Sez engullo la primera con ritmo y facilidad, respiró y luego procedió con la segunda, que a pesar de costarle un poco más, tambien tragó y posó con fuerza al acabar. Los enanos se asombraron pero lo admiraron.
-Bien hecho extranjero!-gritó uno de ellos.
-Ahora el tuyo, enano.
Nérmal gruño y levantó su otra vez llena jarra. La tragó poco a poco y luego la posó otra vez con fuerza, incluso las maderas de la mesa vibraron.

Así unas rondas más. El enano se había ganado su apodo, reconoció Sez. El Sombra ya tenía sus ojos verdes rojizos e hinchados, y el enano se tambaleaba al borde de la mesa.

Nérmal acabó con una de sus rondas y batió el puño con fuerza en su pecho mientras rugía sobre el resto de vítores: knurlhighm! hígado de piedra
Sez alzó la segunda jarra de uno de sus turnos y comenzó a beber con tragos pequeños. Los enanos, incluso los hombres que antes estaban en la barra, le gritaban agitando sus puños: Kalagh, Kalagh! traga traga!

Sez declinó la jarra unos grados, los demás se decepcionaron y entre la barba de Nérmal se dibujó una amplia sonrisa. Sez separó los labios de la jarra que le temblaba en su mano y aparto su rostro como si fuera a vomitar, pero en lugar de eso un estruendoso eructo salió por su garganta. Los enanos aplaudieron con fuerza y vitorearon, los eructos denotaban gran hombría entre los enanos bebedores. Y Sez volvió a llevar su jarra a la boca para engullir los tragos que le quedaban y al acabar la posó con tanta fuerza que hizo saltar las tablas de la mesa.

Nérmal cambió su sonrisa por una torva expresión. Agarró otra vez la jarra llena pero, tras dar un sorbo, cayó de espaldas sobre el suelo. La taberna estalló felicitando a aquel que había vencido a Nérmal Vrodirriel. Tragó su propia saliva, que le supo amarga, y intentó enfocar con sus rojizos e hinchados ojos.

Nérmal se levanto a tientas y se apoyó en la mesa totalmente desorientado.

-Tienes agallas, piernas largas!- Gritó Nérmal aún tambaleante.
-He ganado Nérmal-Sez hizo una pausa, le costaba hablar- Cumple tu parte del trato.
-Está bien... hip, está bien...hip-respiró hondo- Esa fortaleza está en... Farthen Dûr.
-En Farthen Dûr..., y cómo se llega hasta ella, estoy seguro de que si es...ejum... tan secreta no se ve a simple vista.
-Ya te he dicho donde está, esa era la apuesta.
Sez se le acercó y le miró a los ojos.
-No. He hablado claro y dije... cómo llegar, no sólo donde está.
-Piensas que voi a decirle eso a un estraño extranjero! hip...-dijo encarándose con Sez
Sez tensó las mandíbulas y no se dejó achicar, se agachó y tambien se encaró a Nérmal.
-Quien es ahora el tramposo, enano?-Dijo Sez lentamente.

El enano pegó su nariz a la de Sez.
-Me estás llamando...hip, tramposo?-Dijo hechando las manos a la espalda para alcanzar su hacha.
Sez miró su hacha y pronunció unas palabras que no recordaba con claridad. La cabeza le daba vueltas y no supo exactamente lo que quería hacer, pero el hacha salió despedida y se clavó con fuerza en una viga de madera del techo. Y Sez cogió su espada que estaba sobre la mesa con toda la rapidez que le permitieron sus reflejos y la apoyó en el hombro de Nérmal.
La taberna entera se sumió en silencio. Y Sez decidió no intentar hacer más magia en ese estado.
Muchos de los demás enanos empuñaron sus armas, tensos y sin dejar de mirar a Sez.
-Enfunda tu espada!-Le gritó uno de ellos.
Pero Sez no lo hizo y miró a su alrededor.
-He oido historias que cuentan la honestidad y justicia con que los enanos combaten en las batallas! Acaso están equivocadas?
Los enanos permanecieron callados.
-Nérmal, he ganado justamente, dime como se llega al Tronjheim!
Y Nérmal, increíblemente, se quedó callado y empezó a llorar y gemir en silencio.
-No puedo... hip, hacerlo. Hamunil es muy estricto, si lo hago no me castigará... hip, sólo con latigazos.
Sez miró a los ojos de aquel enano y sintió compasión por el, y por toda esa gente. Y se juro a sí mismo ayudarles.

-Escuchadme!- dijo Sez sin separar el filo de su espada del hombro de Nérmal- He ganado así que me debeis algo, pero he cambiado mi apuesta. Simplemente quiero que me escucheis con atención durante un momento. Así que bajad las armas y haced honor a vuestra justicia!-rugió esta vez.

Los enanos bajaron las hachas lentamente. Sez también enfundó su espada con lentitud, cogió a Nérmal por su camisa lo levantó y lo sentó en una silla.

-Mi nombre es Sez Snáider y vengo de tierras lejanas- La gente lo escuchó con atención- El tiempo en el que vosotros pensais que vivís ha desaparecido. Sí se han levantado unos traidores entre el poderoso ejército de los Jinetes, los Apóstatas. Pero los que pensáis que están siendo vencidos, ya han vencido hace tiempo, y ahora están jugando sus cartas. Los Jinetes han caído!
Murmullos estallaron en la taberna, y suspiros de asombro tambien rasgaron el ambiente.
-No os fieis de nadie que monte uno de los poderosos dragones, yo no lo haría. Apostaría mi cuello a que es un Apóstata!
-Estás diciendo que Hamunil, nuestro protector y señor, es un Apóstata?!-rugió un enano.
-Los Jinetes que todavía viven es porque no lo han dado todo por nuestras tierras y por su paz. Nadie ha luchado más que Vrael, nadie! Y Vrael ha caído!
-Vrael ha muerto?-Más murmullos estallaron, y en muchas caras se dibujó la desesperación.
-Explica, oh lenguafloja encapuchado, como es posibles que los Jinetes, los más sabios y inteligentes, eligidos para traer la paz a nuestras tierras, son ahora nuestros enemigos?- rugió Nérmal.
Sez hizo una pausa, las preguntas buenas necesitan respuestas buenas.
-Su fuerza mágica y física se ha impuesto a su mente y se han dejado seducir por sus poderes.
-No son conscientes de su responsabilidad? como es posible que su mente haya tornado tan perturbada.
Sez habló claro.
-Teneis razón. A mi me resulta tan incomprensible, y tan doloroso, como a vosotros. Pero sé que es cierto- Dijo Sombra con pesar- Supongo que a veces, el poder facilita tanto ciertas cosas que ciega a las personas. Olvidan los valores que los han guiado hasta donde están, olvidan su sabiduría... No lo sé con claridad...
-Pero sí sé que no debeis tener miedo. No les temáis y debeis actuar por vosotros mismos.
-Como sabemos si dices la verdad?
-No lo podeis saber, al igual que tampoco podeis saber si miento. Juzgad por vosotros mismos.
-Que nos decís de Hamunil y del Rey...?
-El Rey...- dijo Sez y se rió-El Rey Galbatorix ha sido el primero que ha traicionado a los Jinetes! A el se le unieron doce Jinetes más y formaron los trece Apóstatas! Con el ha nacido el Imperio, enemigo de todos los pueblos libres que no estén de su bando y los cuales no dudará en atacar y destruir.
Todos se callaron
-En cuanto a ese tal Hamunil, si vuela con su dragón por los cielos sin miedo a ser visto, apostaría a que el Imperio lo ampara y no es más que otro Apóstata.
La taberna siguió en silencio.
-Dejad de vivir mentiras y ved la luz! En Ilirea sólo encontrareis la muerte.

En ese momento se abrió la puerta con estrépito y un guarda enano anunció con potencia.

-Ha llegado Argetlam!
"Veamos quien es ese Hamunil" pensó Sez.
Miraron a Sez por última vez y fueron saliendo lentamente de la taberna, menos Nérmal que se encogió en su silla.
Sez se dirigió a el por última vez.
-No le temas. Con prudencia, pero sin temor!
Nérmal asintió no muy convencido.

Sombra se bajó la capucha, y salió a las calles. Vio en el cielo que, se estaba oscureciendo, la silueta de un dragón. Los enanos corrían a una calle central, muy ancha, empedrada, y se colocaron formando un pasillo. Sez se colocó entre los enanos y se puso de rodillas, para que su altura no lo delatase. Y entonces notó como una poderosa mente captaba cada detalle de aquel lugar, e intentó que la suya le pasase inadvertida. Un potente huracán se levantó y el suelo tembló cuando el enorme dragón posó sus peadas extremidades en el suelo. Sus escamas verdes refulgían al recibir la luz de algunas antorchas que llevaban la gente. Y el dragón empezó a caminar muy lentamente, con su Jinete en su grupa, por el pasillo de gente. Sus ojos esmeralda miraban a cada enano con una extraña expresión. Pero lo expresión de su Jinete si era clara, odio. Tenía una melena larga y ordenada y una apariencia elegante.

-A que se debe el honor de su presencia?-Preguntó un guarda educadamente.

Hamunil lo miró y el dragón acercó su hocico a el, llenándole la barba de humo.

-No es asunto tuyo-Dijo secamente.

El enano se quedó frió pero contestó rapidamente.

-Claro, claro, mi señor Argetlam.

Hamunil siguió con su paseo, y sus ojos se quedaron clavados un momento en los de Sez. Sombra bajó aún más la capucha. Y afortunadamente, su dragón continuó caminando desviando la vista de Hamunil. "Todavía es demasiado pronto para enfrentarme a un Jinete". Se levantó y se marchó andando lentamente.

Continuó y vió algo corretear por la oscuridad. Era un joven enano. Sombra empezó a trotar por las calles sin perderlo con la vista. Noto que su mente se empezaba a despejar de los efectos del alcohol porque le resultaba facil localizarlo. Atajo por unas calles y se lo cruzó de frente.

-Adonde vas pequeño?-Preguntó Sez amable pero repentinamente.
El joven le pegó una patada en la espinilla que le hizo pegar un grito.
Sez dio unos pasos cojeando para atraparlo antes de que se escapase.
-Ven a aquí, mocoso!- Y lo cogió de una pierna y lo levantó- Dime por qué tienes tanta prisa.
-Soltádame! señor! Debo ver a Anhuin!-Gritó el joven enano.
-Por qué?-preguntó Sez.
-No es asunto vuestro!- gritó el chico.
-Que has visto?!- dijo Sez.
El chico empezó a sollozar.
-Cosas terribles, señor, terribles...

Sez lo sentó en el suelo de dura piedra y miró a sus oscuros ojos negros.

-Puedes confiar en mí, yo puedo ayudarte.
El chico dudó unos instantes.
-Confiais vos en los Jinetes.
-En los de ahora, no.
El chico a pesar de ser joven parecía listo y sensato.
-Está bien. Verá.. me gusta atravesar las montañas y he visto cosas que de las que debo avisar ahora mismo a la reina Anhuin.
-Cualquier mensaje que llegue a oídos de Anhuin estoy seguro que llegará a los de los Jinetes.
El chico hizo una pausa.
-Sois atento. Quizás Anhuin sea su prisionera.
Sez le miró.
-Tal vez.
Sez descubrió que aquel chico estaba de su lado, quizás por aquello que había visto.
-Me dices, ahora, que has visto?
El chico miró al suelo, titubeó unos segundos y luego miró a Sez profundamente a los ojos.
-Huestes de úrgalos. Acampadas en las montañas. Y vi como Argetlam descendía con su dragón a hablar con ellos.
Sez se quedó callado unos instantes.
-Cuántos?
-No lo sé señor, me marché al verlos... tuve miedo.
Sez caminó en círculos y echó su capa hacia atrás. El joven enano pudo ver brillar la empuñadura de su espada y quedó paralizado y pensativo.
-Necesita ayuda?- pregunto rápidamente
Sez rió.
-Gracias chico, pero no creo que puedas ayudarme... -y dijo en un tono más bajo para sí- A no ser que sepas llegar al Tronjheim.
-Sí, si que sé llegar.
-Cómo? Sabes llegar al Tronjheim?- Preguntó.
-No me juzgue por mi juventud, señor, ya le he dicho que viajo por todas las montañas. He estado muchas veces en el Tronjheim.
-Dime como puedo llegar hasta allí.
-Yo le acompañaré.
-No-respondió Sez tajante-Te quedarás aquí con tu clan.
-Mi clan no es este. Soy del Dûrgrimst Quan. Os ayudaré si me dajais acompañaros.
-Vas a acompañar a un desconocido?
-Tanto mal o peor es decirle como se entra en nuestra fortaleza, para que entre con sus tropas y nos conquiste! Además, que os hace pensar que no os conozco.
-Me conoces?
-Quizás...
Sez dudó unos instantes.
-Viajo solo.
-Entonces tendréis que encontrar sólo en el Tronjheim.
Sez se lo pensó unos momentos.
-Está bien. Pero sólo mientras viaje por las montañas.
-Muy bien.
-Cual es tu nombre?
-Arriamel Fox.
-Está bien Fox, Mi nombre es Sez Snáider y a partir de ahora serás mi escudero y me obedecerás en todo lo que yo te diga. Estás de acuerdo?
-Lo estoy señor, le ayudaré en todo cuanto pueda.
-Bien, entonces, llévame al Tronjheim!
-Así lo haré, Argetlam neta jurgen.
Sez se quedó petrificado.
Tardó en hablar.
-Como... me has llamado?
-Argetlam neta jurgen.
Jinete sin dragón


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©C.P.L. Colabora: Diario dun piso de estudiantes